El éxito de un negocio se basa en tu determinación para alcanzarlo, en poner orden en tus ingresos y egresos, y en la disciplina que te establezcas para operar de forma eficiente con el menor costo posible.

Basada en estas tres grandes claves, me dispuse a desarrollar para ti el paso a paso de cómo alcanzarlo. No es tan difícil como aparenta, no necesitas ser un experto contable o financiero para lograrlo. Sígueme en estas ideas y te demostraré que sí es posible tomar el control de tus finanzas y encauzar tu negocio hacia números positivos.

Decídete y comprométete. Estar dispuesto a dar un giro a tus finanzas, cambiar hábitos de gastos y consumo, cambiar el derroche por la eficacia es, en definitiva, el primer y principal paso, en otras palabras asume con determinación y compromiso el cambio.

Desnuda tu realidad financiera. Con honestidad, sin pudor ni temores conoce la realidad financiera de tu negocio. Es una obvia condición estar claro acerca de tu realidad. Saber cuánto tienes, cuánto debes, cuánto ingresa, cuánto egresa y cuánto realmente necesitas para operar la empresa.Cuantificar la respuesta a estas preguntas te permitirá tener una visual de 360 grados para poder abordar el tema financiero. Imagina un estudio profundo a la anatomía de tu estructura financiera, y es sobre la base de este diagnóstico que podrás tomar tus decisiones.

En estas tres preguntas se resume tu realidad financiera, y te permite tener una panorámica —de manera simple y sencilla— de cómo abordar cada tema financiero. En otras palabras, cuando encuentras respuesta a cada una de estas preguntas estás haciendo una radiografía de toda tu estructura financiera, y sobre la base de esas respuestas es que tomarás tus decisiones.

Ordena y clasifica. Este paso es vital, acá se conjugan dos de los principios claves de los que hemos hablado, orden y disciplina.

Necesitas, en este paso, disponer de cuatro cuentas bancarias para distribuir en ellas tus ingresos, de la siguiente manera: Una cuenta para las utilidades, otra para impuestos, luego sueldos y otra de gastos operativos.

Una vez que tengas determinada e identificada cada cuenta asume operarlas con estricto orden, y en este sentido, mi recomendación —que es también la de los expertos— es siempre depositar primero las ganancias, es decir, lo correspondiente a las utilidades, luego el sueldo, después los impuestos, y por último, los gastos operativos.

No solo debes respetar el orden para saber cuál cuenta es el primer destino del dinero, sino que además debes establecer un sistema de distribución porcentual de los ingresos, todo en base a la realidad y tus objetivos.